Desconoce el poder de sus caricias, esas que descorchan mis sentidos y sirven champagne a las cuatro de la tarde, sobre un manto verde. No sabe que si se queda en mi cuello hay relámpagos, y cielos estrellados, y viajes en un segundo. No lo sabe.
Nos consume el tiempo y aunque no lo sabe, sigue regalándome sus labios, sus cuentos, sus miedos... sin saber que aquí y ahora, el cielo grita su nombre.
Y como hoy, todos los días.
Y como hoy, todos los días.
